¿Dónde está mi (media) naranja?
A estas alturas de la vida, el cuento de la media naranja debería parecernos baladí, pues más bien somos mandarinas o naranjas completas con todo su jugo y su sabor.
Nos pasamos parte de nuestra vida buscando algo que, en realidad está en nosotros mismos, y en la Carta Natal tenemos algunas claves.
En el encuentro con el otro vamos a ir descubriendo aquellos aspectos que necesitamos mirar de frente y desarrollar para evolucionar en equilibrio y así compartir. De esto es de lo que habla nuestro eje de casas 1 (yo) – 7 (el nosotros) en nuestro mapa natal. La pareja nos hace de espejo continuamente y nos ayuda a integrar aquello que necesitamos experimentar (en ocasiones con cierta complejidad).
Y es que, al menos para mi, es un tema que me resulta todo un reto…
Y de la misma forma quizás también, sea así para algunos de vosotros… Esta entrada de blog es algo que he ido versionando hasta ahora, ¡con infinitos borradores!
A lo largo de mi experiencia de vida, he encontrado en mis relaciones aspectos de mí misma que necesitaban ser comprendidos, integrados, vividos y validados. La parejas que he elegido (consciente o inconscientemente) me han aportado gran información y crecimiento interior, fuera cual fuese la experiencia que me trajera. Y estudiando mi Carta Natal, ¡tal cual se ha mostrado!
Cada pareja es única y cada relación es diferente.
Sólo teniendo en cuenta la Carta Natal individual, ya podemos registrar información que nos va a ser muy útil. Sea cual sea tu orientación, hay dos planetas que nos hablan del «estilo» de masculino o femenino que nos va a resonar más: marte y venus. Por ejemplo, a modo sencillo, estilos de venus y marte vestidos de tonos capricornianos, nos pueden indicar que somos o buscamos una pareja «para toda la vida», compromiso, seriedad y algo que perdure en el tiempo entre otras características.
Pero como el mapa (el diseño de la Carta Natal), no es el territorio (cómo expresamos nuestra Carta Natal), es importante que tomemos conciencia del punto de integración de todas esas cualidades que nos van guiando.
No siempre nos relacionamos desde nuestro signo solar.
Cuando hablamos de la «compatibilidad de la pareja», no siempre nos centramos en el signo solar (el signo de tu horóscopo natal – para los que no seáis conocedores de la Astrología). El signo solar es un propósito/destino al que llegar para expresar todo tu potencial, y no siempre lo estamos resonando libremente.
En cada relación o encuentro vincular, habrá un «encuentro entre «planetas resonantes», y no siempre será el signo solar, aunque haya una predisposición entre signos del mismo elemento o del complementario. Esto lo podemos ver cuando hacemos un estudio de Sinastría, que nos muestra cómo se «hablan» las Cartas Natales de los implicados.
Aunque atendiendo sólo a nuestra Carta Natal, ya podemos ver que hay ciertos planetas que nos hablan de cierta tendencia o predilección. Por ejemplo, el planeta Saturno en casa 7 nos podría hablar de relaciones con alguien más mayor, más formal, una figura relacionada con el padre o que nos mueva hacia pruebas de madurez, y en cambio, el planeta Urano en esta misma casa nos podría hablar de una tendencia a relacionarnos con pares más jóvenes, más diferentes a nosotros, una relación donde haya mucha libertad ¡o incluso varias parejas! ¡Y esto son sólo unos ejemplos!
La relación con la madre o el padre determina la elección de nuestra pareja.
Ni qué decir de la influencia de la familia de origen en nuestros vínculos, ya sea queriendo ser diferentes o similares a lo percibido en la familia. Esto también se puede identificar en nuestra Carta Natal.
Si nos enfocamos en las «necesidades de refugio emocional», que es cómo nos influye nuestra luna, nos condicionará también en el tipo de vínculo que vamos a establecer, ya que la luna también simboliza cómo reaccionamos emocionalmente a lo percibido en el ámbito familiar cuando «aterrizamos» en este mundo. Qué importante es descubrir las dinámicas lunares… lo que vivimos y buscamos desde lo que «necesito», que en realidad, me habla en ocasiones de lo que yo espero que me dé el otro, cuando es algo que primero me daré a mí misma, para compartir en equilibrio, entre otros asuntos.
En el ámbito de la pareja, las influencias son múltiples y son toda una escalada en el viaje de nuestro héroe. El foco está en nosotros y parte de nosotros.
Así que mandarina o naranja, ¡somos enteros!
¡Apuesta por ser naranja y sácale todo el jugo!
Descúbrelo en el próximo Taller Monográfico de Pareja


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